taller DE LIDERAZGO CONSCIENTE

relación y carácter

En este taller exploramos nuestro carácter y cómo nos relacionamos con nosotros y con el mundo, con el plano externo. Exploramos cómo me relaciono con la autoridad y con los iguales. ¿Como funciono cuando yo soy la autoridad? Reconocemos patrones y automatismos en nuestra manera de manifestarnos.

Lo realizamos en un intensivo de 4 días. Navegamos a vela las Rías Baixas y pernoctamos a bordo desempeñando funciones y asumiendo responsabilidades individuales y grupales. Exploramos nuestros apoyos, manifestaciones caracteriales, resistencias, habilidades e intuición. ¿como me manifiesto a través de mi carácter mientras que asumo responsabilidades individuales y grupales?

¿Cómo me relaciono en grupo?

Módulo residencial de 4 días. Este taller lo realizamos mientras navegamos a vela las Rías Baixas en Galicia con puestos, funciones y responsabilidades ¿Cómo funciono en grupo? ¿Cómo gestiono un equipo?

¿qué haremos?

La carta náutica (caracterología de los eneatipos), la brújula (estructura psicodinámica del carácter), el sextante (sentido de la trascendencia) y la sonda (caracterología bioenergética). “Con estos instrumentos podemos navegar mares y océanos.” J.Albert.

Ser conscientes y saber cuál es nuestra motivación real es fundamental a la hora de adaptarnos a los cambios constantes de nuestras circunstancias y entorno.

Condiciones

Necesario entrevista previa.
No es necesaria experiencia en navegación.

Experiencia potente, intensa y apasionante. En lo personal, al ser la primera vez que navegaba, una aventura donde todo estaba por descubrir y aprender. Sensación de reto personal a superar, excitación.

En el barco el grupo se convirtió en “una persona”, cualquier decisión, problema a resolver, alegría, tensión, sorpresa,… era cosa de todos los que estábamos y a todos nos repercutía. Se tenía una sensación vívida de necesitarnos unos a otros.

PABLO CABRERA

Zarpamos del puerto de Vigo y mi sensación era de tremenda pérdida, no sabía nada sobre este nuevo medio, no podía manejarme con soltura en la mar, me adentraba a lo desconocido sin herramientas.
 Mi función era ser táctico, es decir, tomar decisiones con el capitán sobre el rumbo a seguir, las corrientes, los vientos, lo que tardaríamos, decidir donde dormiríamos y si era en puerto avisar a qué hora llegaríamos. Además
de reunir la información que aportaba cada miembro de la tripulación. Me parecía imposible. Y sin embargo… navegamos!!

Fue una experiencia única, sé que es muy común decir esta frase cuando algo te ha enriquecido mucho pero en este caso, es que además es una experiencia que por tu cuenta es imposible vivir. Un medio nuevo, como es la mar, te obliga a desplegar todos tus recursos para sobrevivir, a aprender rápidamente y sale de ti lo consciente y todo lo inconsciente. Todo lo que hemos utilizado estos años para sobrevivir, todos los mecanismos aprendidos en la infancia se manifiestan, se hacen visibles. Es por esto que la experiencia de navegación en grupo, te hace responsable de ti y de la tripulación. Moverse por el mar, es como escuchar a la orquesta completa. No hay sinfonía si todos los miembros no están a una.

Y además puedo decir, que tener el timón entre mis manos, llevando a Lua de Cies a Cangas do Morrazo, con el barco escorado y viendo cómo cada persona nos convertimos en un todo perfecto y libre surcando los mares, es una experiencia plena de libertad y fuerza.

LORENA

Esta es una de esas experiencias importantes que suceden en la vida y marcan. Por su aportación vivencial y por su aportación terapéutica. No es fácil ponerle palabras, por su potencia, por su aprendizaje y el inmenso disfrute. Supone un reto constante a nivel individual y a nivel grupal. Lógicamente todo transcurre en el barco, en un entorno residencial, y este es un espacio especial donde en un primer momento todo es desconocido y se va transformando poco a poco en algo propio. Rodeado, además de tanta belleza en la zona.

Nos hemos visto internamente en nuestras debilidades y en nuestros puntos fuertes, en la confianza y en el miedo, en el placer, en la lucha individual y en la unión de grupo, en la solidaridad, en el cansancio y en la celebración. Todo en la misma intensidad.

La decisión de animarme a apuntarme a este taller, no fue fácil porque nunca había navegado y siempre había pensado que aprender a navegar en velero era una experiencia que estaba fuera de mi alcance. Ir fue un acierto, es uno de esos talleres de tanto peso, que meses después siguen cayendo piezas.

El taller está planteado en un formato en el que según transcurre el tiempo vas sintiendo que estás de verdad dirigiendo un barco. NO es un “como si”, sino que eres parte del movimiento del barco, con lo que hay de placer y de responsabilidad en ello. Junto a este original planteamiento se incluye un apoyo terapéutico certero y cuidadoso, con el que te van haciendo poner consciencia a todo este proceso. Lo más bonito es que ese apoyo constante no impidió dejar esa libertad necesaria para no cortar la experiencia.

Gracias por darnos una plataforma como esta, que nos permite vivir semejante vivencia. Y gracias a las personas que lo compartieron conmigo, a los que después de estos días juntos, siempre les sentiré especiales 

MARIAN ORELLANA PÉREZ

Mi experiencia en el velero, con el grupo y con los terapeutas solo la puedo calificar de única, emocionante y maravillosa.
Cuando recuerdo la experiencia, siento una satisfacción muy grande de la experiencia vivida por el grupo, por la experiencia vivida con los terapeutas y con la satisfacción por mí mismo de un gran trabajo personal del que me siento muy orgulloso.

Desde el momento que salimos de Madrid cuatro de componentes del grupo, ya íbamos super nerviosos, con muchas expectativas y muchas preguntas de cómo sería la experiencia. Nos encontramos en el puerto con el resto del grupo y con los terapeutas. Me sentía muy alegre al ver a mis compañeros e impaciente por querer empezar cuanto antes.

Después de la reunión, el reparto de tareas, los roles de la tripulación… más nervios todavía, salimos a encontrarnos con el velero que sería nuestra casa durante los próximos días.

No dicen cuál de todos los barcos es el nuestro y, al verlo, nos miramos unos a otros, sorprendidos, ¡¡qué pasada!!!, nosotros vamos a llevar este barco tan grande?, es una broma…, no me lo podía creer. Nos mirábamos, las risas, más nervios.

Pues sí, era verdad, ese era el barco y nos pusimos a subir las maletas y a organizarnos para nuestras tareas de suministros, colocarnos, reconocer el barco, etc. Cada uno con su tarea. Fue ahí donde me di cuenta de que todo era real que me iba a navegar de verdad, con Carlos y con mi querido grupo.
Navegar fue una experiencia maravillosa, sentir que el barco se mueve, el viento, la velocidad, es algo que no se puede explicar muy bien. Bueno, el primer día de navegación, me entró el mareo y la verdad es que lo pasé regular hasta que fui capaz de encontrar la posición más favorable del barco y mantener la mirada hacia el horizonte. Ya pasado el mareo, los momentos de navegación, tanta intensidad, mis tareas dentro del barco, me hacía sentir muy responsable y afortunado de poder vivir estos momentos tan excitantes. El cuidado hacia nosotros, la información y el apoyo en todo momento de los terapeutas y del capitán del barco fue fundamental para sentirnos muy seguros y confiados.

Viví muchos momentos de unidad con el grupo, de convivencia, de apoyo, me sentía parte de la tripulación, como de una familia con un objetivo común. Hubo mucho respeto entre todos, los cambios de roles y las experiencias vividas en cada puesto, nos iban uniendo más. Los momentos de preparar la comida, de parar a comer, de compartir lo que estábamos viviendo, de escucharnos y de darnos también nuestro espacio para poner en común lo que nos estaba pasando fue muy liberador para mí, junto con la confianza y el apoyo de los terapeutas.

Fueron unos días de una intensidad increíble, yo lo vivía todo con mucha emoción, mucha responsabilidad y mucha presencia. Creo que los nervios me hacían estar muy atento a todo, a mí, a mis tareas, a mis compañeros, al barco, a respirar, era como si no me quisiera perder nada. Sentía una energía enorme y no podía parar. Llegaba la hora de dormir y me parecía poco, quería seguir haciendo cosas. Recuerdo a la vuelta cuando me preguntaban otras personas por la experiencia, yo lo definía como una experiencia tan intensa como si cogieras todas las experiencias intensas de un año de tu vida, las comprimieras en cuatro días y esa sería la vivencia del barco.

Me siento muy agradecido a Carlos por hacer posible esta vivencia y por haberme dado la oportunidad de participar. Y también gracias al capitán y, sobre todo, gracias a mi maravilloso grupo.

Gracias a todos. Os quiero un montón.

JOSE LUIS VALVERDE

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