ENEATIPO 2 – CARÁCTER RIGIDO ¿CUÁL ES SU ORIGEN? ¿CUÁL ES SU HERIDA? ¿CÓMO ES SU CUERPO? EL PROCESO TERAPÉUTICO

Este escrito es el séptimo de una serie que comenzó con “Eneagrama de la personalidad ¿Qué es y cuáles son los 9 eneatipos?”. En el vamos a profundizar en el eneatipo 2, que desde la caracterología bioenergética se corresponde con el carácter rígido subtipo histérico (estructura en malla): conocer acerca de su origen o etiología, saber de su herida original, cuáles son los rasgos corporales más comunes, y los puntos críticos a abordar en un proceso terapéutico desde una perspectiva bioenergética integrativa que nuestro equipo propone.

El carácter rígido queda fijado en la fase genital del desarrollo que abarca desde aproximadamente los 4 años de edad hasta los 6 ó 7 en que queda ya estructurado finalmente el carácter y la personalidad. En la fase genital del desarrollo, los niños ya son capaces de simbolizar a la vez que maduran las terminaciones sensitivas de la piel, sobre todo en la superficie del cuerpo. Es por ello, que por primera vez el niño comienza a tener noción de un yo sensorial, sensitivo, emocional, cognitivo y corporal integrado en una unidad psicocorporal. Así se abre la puerta a una experiencia erótica (excitación, placer, disfrute a través de los sentidos) integrada en todo su organismo que el niño va a buscar por el incremento del placer sensorial que ello le produce.

En esta necesidad de contacto erótico, si el niño se siente rechazado (tabú del incesto) hay una vivencia de que la estimulación erótica no es bien recibida, hay un rechazo. Si hay contacto erótico no puede haber contacto amoroso. Esta disociación se procesa como desilusión o traición. Lo que era espontáneo queda relegado al secreto, la trampa, el escondite. A partir de aquí se sexualiza (genitalización). De ahí que en los adultos sea frecuente la dificultad en el compromiso y en mantener parejas ya que hay dificultad en soportar la frustración y hay un deseo de desear más que de satisfacer el deseo.

El patrón más frecuente en la época genital de los caracteres histéricos, es el que queda marcado por el intento del niño de acercase a los padres como antes lo hacía, con deseo de contacto tierno, que ahora está acompañado de un fuerte impulso erótico. En este intento se siente rechazado por las razones que sean, aunque generalmente suele ser por el miedo de los padres a su propia excitación erótica, erróneamente interpretada por ellos como excitación sexual genital, y con poca confianza de poderse contener. También es frecuente la presencia de muchos prejuicios morales. Este rechazo es vivido por el niño como un rechazo a su capacidad de entrega amorosa, pero discrimina entre el contacto que antes era posible y el que en ese momento no es aceptado. Por ello, para mantener el contacto afectivo puede bloquear la energía de su carga erótica. Esto implica la consiguiente estasis energética y entrar en contacto con la angustia que la estasis origina.

Para que la maduración psicoemocional del niño en esta fase continúe su desarrollo sanamente y llegue a buen fin, la madre (función madre) debe darse cuenta y respetar el movimiento emocional de su hijo en busca de ampliar su libertad e independencia (posibilidad que ofrece la función padre), permitiendo la salida definitiva del niño del estado fusional que mantienen. Para ello, es necesario que renuncie, al menos parcialmente, a que su objeto de deseo continúe siendo el hijo. Lo más sencillo, que no lo más común, es que de nuevo vuelva su deseo hacia el padre, ya que, siendo la madre, por naturaleza propia, la depositaria del poder afectivo real en la familia, tiene la potestad de investir de poder afectivo al padre. Y esto es lo que el hijo necesita ahora: sentir que el padre, que ahora es muy importante para él, también lo es para la madre. Así, el niño puede percibir al padre como un receptor seguro y adecuado a sus intereses de expansión, sin poner en peligro el amor de la madre.

Pero como las situaciones no suelen ser ideales la eficacia de este proceso madurativo dependerá, además de las actitudes de los padres, de la energía que haya quedado contenida en función de defensa en las fases anteriores del desarrollo. A mayor contención, menor capacidad para moverse en la búsqueda del lugar de poder personal que le corresponde dentro de su familia y su entorno social, laboratorio de experiencias que luego proyectará el niño en las relaciones de su vida adulta. De qué estrategia se valga el niño para atravesar este proceso y obtener su parcela de poder personal, determinará el subtipo de carácter rígido, así como el instinto dominante del eneatipo.

La herida nuclear del eneatipo 2 es la sensación de haberse quedado perdidos en algún lugar de su camino, como de haber sido expulsados del universo. La solución encontrada es automanipularse para adaptarse a la imagen de persona sumamente encantadora y, al mismo tiempo, manipular para imponer su voluntad a la realidad, tanto interna como externa.

Para ello recurren a reprimir las necesidades y sentimientos genuinos para lograr la aprobación del otro. Es como si se hicieran el propósito de engañarse y engañar al mundo: no te gusta como soy, pues escondo la parte que no te gusta y voy a ser ese yo falso y así vendrán cosas buenas para mí. Así apartan de su conciencia la sensación interna de necesidad y desamparo. Ese movimiento inconsciente para ocultar su necesidad les lleva a mostrarse compulsivamente complacientes y ser así vistos como seres extraordinarios. Este es el fundamento del orgullo. Para que este mecanismo funcione, es necesario un oscurecimiento de la conciencia, así pueden engañar no sólo a los demás, sino también a si mismo. Resumiendo: el eneatipo 2 se muestra como una persona generosa para evitar el contacto con su necesidad, con su carencia.

Las percepciones críticas y sentimientos negativos sobre personas estimadas, los pensamientos e impulsos centrados en sí mismo, así como la necesidad y sentimiento secreto de ser especial, son eliminados de su consciencia. Así descargan sus emociones sin experimentarlas del todo, sin comprometerse con ellas, lo que da como resultado una manifestación dramática de las mismas y una sexualidad que se traduce en un comportamiento y una apariencia seductora de la que no se responsabilizan.

Así, satisfacer las necesidades de los otros es una manera de satisfacer las propias. Esta manera de funcionar finalmente les lleva a sentirse limitados por aquellas personas de las que se sienten dependientes. Se librarán de ellas no estableciendo vínculos de compromiso profundos. Esto les proporciona su falsa sensación de libertad de la que hacen gala. En vez de independientes, son contradependientes.

Las personas que funcionan como un eneatipo 2 tienen una intensa necesidad de amor. Esta necesidad se manifiesta de diferentes maneras: la de ser especial, que se satisface mediante el amor del otro (les lleva a estar comprometidos y ser posesivos en sus relaciones) y buscando el apoyo de personas escogidas; el hedonismo, igualando ser amados a ser complacidos; seduciendo, para ello son afectuosos, cálidos, sensibles… Esto supone una manifestación histriónica del amor y una incapacidad para la entrega, ya que dan para recibir.

El cuerpo se defiende de su experiencia dolorosa a través de una coraza que se caracteriza por una rigidez que abarca toda la superficie del cuerpo y que se estructura sin espasticidad muscular a nivel de las fascias que envuelven los músculos desde fuera hacia dentro. Se localiza inmediatamente por debajo de la piel y es muy eficaz para contener y movilizar energía antes de que la estasis se perciba como displacentera y movilice la angustia. Se transmite a todo el cuerpo y se contiene o expresa a través de las diferentes actitudes corporales en contactos sustitutorios. O bien es transmitida a una parte del cuerpo con una función determinada, manifestándose como somatizaciones y conversiones.

Esta coraza hace los efectos de una armadura y adopta dos disposiciones: en malla (blandos) o en tubo (duros). La disposición en malla es más propia de los subtipos histérico (eneatipo 2) y pasivo femenino (eneatipo 7). Nos habla del importante componente oral (ver artículo sobre eneatipo 4 – carácter oral) ya que comporta una desenergetización a nivel muscular profundo. La disposición en tubo es más propia de los subtipos fálicos (eneatipos 1 y 8) y nos habla de sus fijaciones en las fases anal (ver artículo sobre eneatipo 9) y fálica (ver artículos sobre eneatipo 3 y 6).

El que sea duro o blando está en función de una mayor contención del impulso tierno (el que da noticias acerca de nuestras necesidades) o agresivo (el que tiende a satisfacerlas) respectivamente. Aunque no es raro ver tipos puros de cada una de estas dos disposiciones básicas, también es frecuente ver combinaciones de disposiciones en malla y en tubo, que dan a cada persona características peculiares. La disposición en malla confiere siempre características más blandas y movimientos más suaves a los tipos fálicos en los que predomina el instinto de conservación. En los tipos en los que predomina el instinto social, en cualquiera de los cuatro caracteres rígidos, generalmente encontramos una mezcla equilibrada de ambas estructuras. Cuando el instinto dominante es el sexual, los caracteres fálicos estructuran su disposición defensiva energética y corporal exclusivamente en tubo, mientras que en los histéricos y pasivos-femeninos con el mismo instinto dominante, dicha estructura defensiva se dispone en malla. Estas combinaciones se hacen más evidentes si se tiene en cuenta también el punto de vista del eneagrama.

La expresión de la cara es más blanda y dulce que en los fálicos, con una mímica más rica que ponen también al servicio de la seducción.  Destaca la mirada que siempre es viva y que transmite la sensación de que hay buena carga energética, buen contacto, y de que la persona sabe lo que quiere y está dispuesta a conseguirlo. La falta de esta expresión de viveza, particular de todos los subtipos rígidos, es un buen indicador de patología, ya que al no estar bloqueados en un determinado estado emocional congelado, la expresión de la mirada siempre tendrá que ser coherente con su estado emocional presente (en el carácter esquizoide, la mirada está congelada en el pánico; en el oral, en la pena y el sufrimiento; en el masoquista, en el temor y la resignación; y en el psicopático en la desconfianza y el control).  Si esta expresión falta y permanece fijada en una determinada emoción, ésta va a ser un excelente indicador del conflicto emocional que, tal vez, la persona no quiere o no puede poner en palabras, por resistencias o porque esté fuera del campo de su consciencia. Y si se mantiene de una forma crónica, nos va a servir para trazar toda una estrategia de terapia.

El cuello suele ser largo, lo que contribuye a darles su típico aire de agilidad en la expresión, aunque existan tensiones cervicales (que se hacen más evidentes en los subtipos fálicos). En la nuca se localizan algunas de las tensiones más importantes de este carácter, por su necesidad de controlar tanto su propia emocionabilidad, como el componente emocional que están dispuestos a poner en juego en las relaciones interpersonales. Los cuellos cortos en estos tipos deben ponernos en aviso de que, posiblemente, exista un componente defensivo masoquista que habrá que confirmar con otros rasgos del carácter.

La columna vertebral puede llegar a estar dispuesta de modo que las curvaturas fisiológicas cervical y dorsal están siempre aplanadas, mientras que la curvatura lumbar suele estar en hiperflexión por la tendencia a la retracción de la pelvis. Puede quedar por tanto una columna demasiado recta y rígida con dos puntos de máxima tensión, la parte superior de la región cervical y la inferior de la lumbar. Los músculos largos de la espalda, dispuestos a lo largo de ambas partes de la columna vertebral, pueden llegar a estar muy contraídos y tensos, dolorosos a la presión, e incluso espontáneamente. Esta tensión mantenida da al tronco un aire altivo y elegante, aunque rígido. En general, cuando hay una contención emocional importante y mantenida, estas personas hacen patologías vertebrales, tanto óseas (artrosis) como neurológicas (hernias de disco, ciáticas, radiculitis……), y musculares (lumbagos).

La cintura escapular no presenta ni tensiones ni bloqueos especiales. Pueden haber tensiones en esta zona si las tensiones de la espalda y especialmente las de la nuca son muy importantes, como compensación dinámica. Estas tensiones reflejas harán que los hombros se echen hacia atrás, dando un aspecto aún más provocativo, al tiempo que nos indican una mayor necesidad de control de sus emociones tiernas (miedo e inseguridad) y un peor manejo del componente hostil de la agresión (mayor distancia y frialdad en el contacto).

El tórax también guarda armonía con el desarrollo del resto del cuerpo, sin que esté bloqueado en inspiración ni en expiración. Sin embargo, como el resto del cuerpo, participa de la rigidez generalizada de la mitad anterior del cuerpo, precisamente en las zonas donde se sensan los sentimientos tiernos. Esta rigidez señala una diferencia con el carácter oral, porque en este carácter el tórax es más fácilmente depresible a la presión con las manos, más blando. Esta pequeña diferencia es importante, porque a veces no resulta sencillo el diagnóstico diferencial, ya que algunos tipos rígidos presentan muy marcado el típico arco oral, más que el propio carácter oral, por estar menos defendido de la oralidad. Esta relativa dureza de la parrilla costal está en relación con la importancia de la contención emocional tierna; es decir, con la capacidad de mantener contacto con sus propias emociones profundas. Conviene tenerlo en cuenta, pues una vez que entran en contacto emocional su expresión no suele (no debería) encontrar dificultades, y si encuentra es porque, previamente a la movilización energética y emocional, no se han trabajado bien las tensiones de la nuca ni del diafragma.

La profundidad de la respiración está controlada por la tensión del diafragma, la más importante de toda la estructura rígida. El diafragma está tenso, no bloqueado. Es decir, que aunque su capacidad para movilizar el aire pulmonar esté limitada, sigue siendo una función emocionalmente viva, sensible a los cambios energéticos, vegetativos y emocionales del resto del organismo. Es como si estuviese presto a dispararse emocionalmente en cualquier momento, pero contenido. Esta es la razón de que la localización de las sensaciones sumamente displacenteras propias de las crisis de angustia y de ansiedad, (casi la única patología clínica frecuente en estos caracteres), sean referidas a la “boca del estómago”, como la típica sensación de ahogo que no es tanto por la falta de aire, como por la sensación de constricción de la garganta (“bolo histérico”) y el aumento de tensión en el diafragma. En los caracteres con estructura en malla, estas crisis de ansiedad pueden dar lugar a descargas en forma de “crisis histéricas” con desorden de movimientos o de hipotonía muscular y desvanecimiento, antes de que el contenido emocional que provoca la alarma ansiosa llegue a la consciencia.

Por esta razón la personas con caracteres rígidos puede tener una aparente buena actividad sexual genital, pero acompañada de una vivencia generalmente insatisfactoria y frecuentemente frustrante, que puede conducir a un incremente de la tensión interna con sensación de displacer emocional (tristeza y llanto postcoito), e incluso con displacer físico (inquietud psicomotriz).

En los caracteres rígidos la sexualidad genital está en función de defensa de las demandas sexuales profundas y tiernas. Lo que equivale a decir que está en función de la descarga del exceso de excitación vegetativa que, por no poder ser expresada libremente, origina energía estásica susceptible de ser percibida como sensación de angustia. Esta carga energética que se expresa defensivamente a través de la sexualidad genital, se orienta al servicio del poder y del control, lo que le proporcionan al rígido la sensación de seguridad y dominio con las que mantiene su afectividad tierna a buen recaudo.

Esta función la cumplen la pelvis y la sexualidad genital. La pelvis está siempre cargada y retraída en retroversión crónica, es decir, en función de contención, pudiendo tener muy limitado el movimiento hacia adelante, de descarga. Sin embargo, en algunas personas rígidas, sobre todo del tipo histérico, la pelvis da la impresión de estar muy suelta, con movimientos libres y amplios; sin olvidar que ésta movilidad pélvica puede ser un buen indicador de salud emocional, también hay que tener en cuenta que, en muchos de ellos, la pelvis se muestra así de “libre” porque está profundamente desconectada del componente emocional, precisamente por la tensión del diafragma que dificulta, incluso interrumpe, la conexión con la emoción correspondiente. En estos casos, pues, habrá que buscar tensiones más profundas en el diafragma y la nuca.

Las piernas sí suelen presentar tensiones, sobre todo en las corvas y suelen estar en hiperextensión crónica, como una muestra de que su contacto con la realidad, su arraigamiento, carece de buena parte de flexibilidad y no es todo lo seguro que ellos necesitan. Esta tensión es como un extra para añadir sensación de seguridad al estar de pie frente a otro.

No son frecuentes en las consultas de psicoterapia, y menos en las de psiquiatría, a no ser por “querer mejorar”, no porque necesiten ayuda para sanar nada. Cuando acuden demandando ayuda por “necesidad”, casi invariablemente es por crisis de angustia, por el miedo a perder el control que estas crisis suscitan, o porque el exceso de la necesidad de control les conduce a un estado depresivo y ansioso. Otro motivo de consulta suele ser el haber tomado consciencia de la dificultad para conservar las parejas sentimentales, que en mayor o menor grado casi todos ellos lo sufren, ya que suelen establecer con ellas relaciones de uso, si bien, con características diferentes en cada subtipo.

En un proceso de psicoterapia corporal integrativa bioenergética con personas que “funcionan” como un eneatipo 2, es importante poder empatizar con el niño del que se han “aprovechado” o que ha sido “utilizado”, y poner límites al “déspota”. Hay que desarrollar un vínculo, una especie de maternaje que pueda ser aceptado y que no sea vivido como un desafío, reto o provocación. Desde ese lugar, podemos iniciar un proceso en el que se vayan quitando capas que le permitan saber quién es él sin manipulaciones y sin su elevada autocomplacencia. En resumen: yo soy la causa de mis dificultades y me responsabilizo de mí. Desde ahí poder conocer su carencia más íntima y como el orgullo y sus aires de superioridad no son más que la defensa a su necesidad de ternura y amor. También a considerar en este viaje que el terapeuta acepte la necesidad de “estrellato” del paciente, y desde ahí, valorando lo que ha hecho a lo largo de su historia de vida, que pueda ir viendo cómo es su falsa generosidad y ética hasta que “caiga del guindo”.

A destacar que en el adulto hay una confusión entre la libertad (querer lo que yo hago) y hacer lo que me dé la gana. Tener muchas cosas para elegir y no decidirme por ninguna. El trabajo con ellos irá dirigido hacia la apertura al contacto amoroso. El núcleo de fijación es la entrega, hay miedo a entregarse (profecía: nuevamente seré abandonado). La dificultad en la entrega consigo mismo se manifiesta también en los demás.

Hay que tener muy en cuenta que el uso de la sexualidad es defensivo. Se usa para detectar el peligro, una vez detectado se retiran. Son muy seductores, pero a la hora de comprometerse echan el freno. Son depredadores – manipuladores.

La sanación está en la entrega voluntaria del poder, que es en realidad reconocer el lugar del otro. TENER LÍMITES.

 A tener en cuenta en el trayecto terapéutico las siguientes dificultades:

A la hora de iniciar un proceso está la dificultad de que tienen que sufrir (huyen del sufrimiento como de la peste), tienen que perder. Es muy factible el abandono: “si esto no me gusta… me las piro vampiro”. Mucho ojo pues con la confrontación: debe de ir conjuntamente con el “niño esforzado” que no ha sido visto y de lo positivo del proceso de “darse cuenta”.
 
En terapia suelen querer reconfirmar sus privilegios o confirmar su orgullo en relación con la falsa abundancia ya que tienen dificultad en reconocer sus carencias, son bastante susceptibles a las críticas, en realidad.
 
¿Puedo pedir y tener valor? ¿Tengo algo qué cambiar?
 
Boicotear la autoridad del terapeuta de diversas maneras que se manifiestan habitualmente en función del instinto dominante: descalificación, seducción afectiva o sexual, queja histriónica…
La seducción es un caballo de batalla en el que poner una atención constante. Son verdaderos artistas para “llevarte al huerto” desde lo emocional. Las estrategias son muy variadas: límite entre afecto y sexualidad poco claro, “hinchar el globo narcisista del terapeuta”, buscar “ser especial” para el terapeuta, colocarle “por encima” para luego hacer un “quítate tú para ponerme yo”, la búsqueda de “ser necesario” y condescendiente, adulaciones y alabanzas. Hay que ir desenmascarando todas estas estrategias y ver cuál es la finalidad.
 
Dificultad con el orden, la constancia y la disciplina. Falta de interés en el proceso.  
 
Y para terminar, no hay nada como el humor para recoger la esencia (es una variación algo más elaborada por el añadido inicial de un chiste de Jaimito):
Un niño rubio,  meloso y sensible se acerca a su  madre con  sus  grandes ojos a  punto de derramar una lágrima.
– Mamá por favor, dame dos euros para un pobre señor que está gritando en la calle…
– Por supuesto  ¡qué gran  corazón  tienes!  responde la madre  ¿Y qué  está  gritando  ese pobre señor?
– Grita: ¡¡Helados!! ¡¡Dos sabores, dos euros!!

(De notas de Juanjo Albert y algo más)

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