ENEATIPO 3 – CARÁCTER PSICOPÁTICO ¿CUÁL ES SU ORIGEN? ¿CUÁL ES SU HERIDA? ¿CÓMO ES SU CUERPO? EL PROCESO TERAPÉUTICO

Este escrito es el quinto de una serie que comenzó con “Eneagrama de la persalidad ¿Qué es y cuáles son los 9 eneatipos?”. En el vamos a profundizar en el eneatipo 3, que desde la caracterología bioenergética se corresponde con el carácter psicopático de estructura histérica (frente al psicopático obsesivo que se corresponde con el eneatipo 6): conocer acerca de su origen o etiología, saber de su herida original, cuáles son los rasgos corporales más comunes y, los puntos críticos a abordar en el proceso terapéutico desde una perspectiva  bioenergética  integrativa que nuestro equipo propone. El mes de viene publicaremos acerca del eneatipo 6 sobre estas mismas cuestiones.

El carácter psicopático hace referencia a un carácter abocado a la acción compulsiva. Esta acción puede ser interna o externa. Se fija en la fase fálica del desarrollo (que abarca aproximadamente desde los dos años y medio hasta los tres y medio o cuatro) en la que se persigue la búsqueda de la independencia. Se inicia el movimiento edípico (el niño trata de encontrar su lugar en la familia, tanto entre ambos progenitores como entre sus hermanos),  un entrenamiento para que el niño pueda proyectarse en lo social, y por ende, entra en juego la función padre que facilita el comienzo de la separación de la función madre. Para que este movimiento se desarrolle con normalidad la madre tiene que retirarse e investir de autoridad al padre. Por parte de la madre se inicia un leve duelo (igual que tras el parto) como motivo de la pequeña separación que se inicia y que da lugar a que entre la función padre en la vida del niño.

Si uno de los padres tiene un déficit de insatisfacción narcisística colocará en el hijo la necesidad de sus deseos. El hijo será seducido e inhibirá o postergará indefinidamente sus deseos para satisfacer los del padre o madre seductor. Esta seducción se apoya en un si me haces caso te quiero, si no, no. Como figura complementaria a la seductora aparece la figura de identificación en la que establezco una alianza inconsciente de asemejarme a ella para evitar un riesgo de agresión (identificación con el agresor).

La introyección del niñ@ es: “no es suficiente y tienes que esforzarte más”. El mecanismo de defensa es la identificación en la que hago mía la imagen que me proyectas. La imagen es el fin en sí mismo. El eneatipo 3 juega el deseo del otro y no está seguro de tener el éxito suficiente. Hay una profunda insatisfacción pues nunca cumplen sus verdaderos deseos y están pendientes de las expectativas foráneas. Muy apegado a la imagen de éxito.

Hay una distorsión en la confusión de ternura con debilidad. Si soy débil vuelvo a ser manipulado, seducido y pierdo mi independencia. Por ello, necesita obtener un lugar de poder, mantener la exigencia en el logro y controlar tanto a sí mismo, como a las situaciones que se producen a su alrededor. Esto lo realizará desde la seducción a través de la manipulación del deseo del otro.  Por otro lado, hay un miedo a hacerse independientes y libres. Miedo a quedar en el vacío: no hay personas a las que satisfacer.

La herida nuclear de este eneatipo es el sentimiento de fracaso que queda en su interior  al sentir que lo que ellos son no tiene valor ninguno, que no han sido suficientes como persona para ser merecedoras de amor. Sienten que su único valor deriva de la imagen que ofrecen y de sus logros. Sus deseos y logros genuinos fueron descalificados o no tenidos en cuenta, y ellos fueron seducidos y manipulados para que se pusiesen en función de satisfacer los deseos y obtener los logros que satisfacían los ideales de uno o ambos progenitores, generalmente el de sexo opuesto (aunque no siempre) sintiéndose sólo valorados por dichos logros. Por ello su sensación de yo reside en el reflejo en los ojos del otro, subordinando la experiencia interior a los logros externos, consecuencia de haberse tenido que identificar con los deseos del progenitor seductor para así sentirse valorados.

El cuerpo se defiende de esta experiencia dolorosa con una estructura en la que hay un  desplazamiento energético hacia la cabeza desde el diafragma. El tórax, la cabeza y los brazos están más energetizados que el resto del cuerpo.

Llama la atención la mirada: es una mirada inquietante, escrutadora y controladora. Pone límite, marca distancia (mantenerte por debajo) hasta que sienten que tienen la situación controlada, entonces puede cambiar la expresión hacia una mirada seductora o hacia el amedrentamiento en caso contrario. Es una mirada enfriada que pretende controlar la propia emocionalidad. La consecuencia de la actitud de vigilancia (detectar competidores o los que se fijan en mí) con la mirada, hace que haya grandes tensiones en los músculos de la nuca (dificultades en relajar el cuello).

La cara, con frecuencia suele tener los rasgos más bien duros y fríos, aunque sean bellos, salvo en el subtipo de conservación que tienen una expresión más blanda, redonda y tierna. En general tiene un aire de “firme decisión parada” bien sea hacía la hostilidad o hacía la seducción, que nos predispone a estar a la expectativa ante ellos. Músculos maseteros duros (contención emocional).

La mayor diferencia con otras estructuras es que la energía está del diafragma hacia arriba y poco hacia abajo. La cintura escapular, brazos, hombros más desarrollados que las piernas.

Se da la respiración paradójica: inspira hinchando el pecho y elevando los hombros  a la vez que elevan el diafragma y contraen el abdomen. Queda un hueco y el tórax hinchado.

Pelvis más estrecha que los hombros, pero eso no quiere decir que la pelvis sea estrecha. Tórax duro, acostumbrado a mantener las emociones (casi tanto como el masoquista). Brazos suficientemente musculados en comparación con las piernas (capacitadas para carrera, salto).

Gran déficit de arraigamiento. La energía está arriba. También porque hay una zona de mayor tensión en las corvas y parte posterior de la pierna. Tendencia a levantar las piernas al golpear (pierde fuerza). Tensiones en la parte posterior de la espalda (posición rígida para poder observar). Nalgas apretadas. Tendencia a contenerse, apretarse.

Diafragma elevado y tenso con dificultad para inspiraciones profundas. Las necesidades están desafectivizadas.

Se da la frigidez y eyaculación precoz con más frecuencia que en otros caracteres.

En un proceso de psicoterapia corporal integrativa bioenergética con personas que “funcionan” de esta manera nunca hay que atacar las defensas de frente. Esto es una regla general, pero en el caso del paciente psicopático es para casi tener un poster en el despacho para recordarlo en todo momento. Al abordar directamente las resistencias se moviliza angustia paralizante, cobardía. Hay que tratar de ponerle en contacto en todo momento con el sentimiento y con la emoción para que vaya tomando contacto con la ternura hacia sí mismo. El otro punto nuclear es que vaya tomando conciencia de sus proyecciones y referencias que hace sobre los demás. La duda sanadora, la duda de la duda compulsiva sobre la certeza proyectiva. Pero sobre todas las cosas conseguir que discrimine entre ternura y debilidad, eso es lo más esencial.  Tener en cuenta que son personas que se colocarán muy a la defensiva desde la racionalización, planteando la duda constantemente.

Trabajar piernas y arraigamiento junto con el contacto emocional. Si se da la respiración paradójica típica de este carácter, debemos centrarnos en la relajación del diafragma hasta recuperar el movimiento respiratorio natural.

Otro punto nuclear es el miedo al vacío, con sus derivados de pérdida de control, debilidades, límites, rendición. Tarde o temprano se enfrentarán a esta sensación de que detrás de la imagen no hay nada (por eso prefieren que antes que no haya nada que haya angustia). Ahí es cuando empiezan a aparecer contenidos fantaseados de angustia con síntomas fóbicos, es cuando suelen aparecer en la terapia los síntomas agorafóbicos. El psicopático histérico es muy agorafóbico. Es el miedo a caerse, miedo a marearse, miedo a perder el control en definitiva.  Ese es uno de los momentos críticos de la terapia, con posibilidad de descalificación y abandono. En éste momento es necesario el apoyo explícito del terapeuta, y evitar que a la angustia ante el vacío se le pongan contenidos fantaseados: miedo a la muerte, a la locura, a la desgracia, etc. Todos esos contenidos fantaseados vienen a desviar de su objetivo y de su sentido a la angustia ante el vacío de ser que hay detrás de la imagen. Detrás de la imagen de auténticos está su ser autentico, a ese ser es al que le tienen miedo, no al vacío.

La rebeldía hacia fuera es minúscula si lo comparamos con la interna. Lo que frena el proceso y el crecimiento es la rebeldía contra uno mismo. El calvario del psicopático es estar en contacto consigo mismo. Al desapegarse del carácter en el proceso llega la sensación de vacío.

Es necesario tener en cuenta que en los subtipos obsesivos es más aparente que en los histéricos el juego de doble cara. Tienen una cara social y una cara familiar. Personas que familiarmente son retraídas, autoritarias, despóticas, etc. y socialmente todo lo contrario. Son personas que parecen estar abiertas y que suelen ser complacientes hacía fuera, pero tiranos hacía dentro, lo mismo que hacen consigo. Suelen ser excelentes amantes, pero no tan buenos como pareja estable, y mucho menos si hay contrato matrimonial. Ese juego de doble cara es muy frecuente, una cara  para adentro y otra cara para afuera; es nuclear en la situación traumática original. Sin embargo, generalmente hay lealtad hacía la pareja en el hombre y fidelidad en la mujer, como expresión del conflicto edípico y del machismo y feminismo cultural.

La actitud de duda compulsiva les coloca generalmente en la situación del cazador cazado. Primeramente con su radar controlador detectan a las personas que sienten que pueden estar interesadas en ellos, según la circunstancia del momento; seguidamente intuyen que puede esperar esa persona de ellos, y se lo ofrecen desde una actitud seductora: se dejan seducir mientras creen que seducen. De este modo, mantiene la fantasía de haber sido ellos los que han seducido cuando en realidad se han puesto a disposición de su presunta víctima. Tomar consciencia de la trampa de este mecanismo, lo que resulta relativamente fácil en terapia, supone para ellos, además de una sorpresa, un cambio en su actitud y en la consideración de sí que contrarresta su tendencia a la racionalización constante de sus emociones. Es una de las defensas que viene bien desmontar cuanto antes porque facilita considerablemente el proceso.

A tener en cuenta en el trayecto terapéutico las siguientes dificultades:

  • El juego de la seducción: “Si lo que te digo no te va a gustar…”
  • Necesidad de reconocimiento que pasa por no defraudar al terapeuta.
  • Delegan la responsabilidad en el terapeuta: “¿Qué debo hacer para…?
  • Parecer especiales e interesantes
  • “Niños buenos” que no confrontan y no muestran al “niño malo”.
  • Dificultad en contactar con las sensaciones corporales y las emociones.
  • Comunicar para confirmar afuera lo que no puedo confirmar dentro de mí.
  • La eficacia: el objetivo que nos ciega.

El darse cuenta no asegura la sanación, ya que “San Acción” requiere de acción. A Dios rogando y con el mazo dando.

(De notas de Juanjo Albert)

Bioenergética Integrativa ©

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