ENEATIPO 9 – CARÁCTER MASOQUISTA ¿Cuál es su origen? ¿Cuál es su herida? ¿Cómo es su cuerpo? EL PROCESO TERAPÉUTICO

Este escrito es el cuarto de una serie que comenzó con “Eneagrama de la personalidad ¿Qué es y cuáles son los 9 eneatipos?”. En el vamos a profundizar en el eneatipo 9 que desde la bioenergética se corresponde con el carácter masoquista: conocer acerca de su origen o etiología, saber de su herida original, cuáles son los rasgos corporales más comunes, y los puntos críticos a abordar en el proceso terapéutico desde el abordaje bioenergético  integrativo que nuestro equipo propone. Quincenalmente iremos publicando sobre estos mismos puntos para cada uno de los eneatipos.

Lo primero es dejar constancia de que los rasgos masoquistas del carácter no implican un disfrute con el dolor o con el sufrimiento, sino la dificultad de obtener placer, ya que el intento de conseguirlo está dificultado por la fantasía del miedo al castigo o/y humillación.

El carácter masoquista se fija en la fase anal del desarrollo, que se prolonga desde el año y medio de vida hasta los dos años y medio o tres. El niño empieza a tener nuevas sensaciones como consecuencia de la maduración del aparato excretor. Percibe la necesidad de evacuar, y su correspondiente relajación y placer cuando lo ha hecho. Es decir, desde este momento puede empezar a relacionar el placer y la relajación con la satisfacción de las necesidades.

Comienza a ver de otra manera el mundo de los adultos, alcanza nuevos lugares e incluso intenta alejarse de la madre. Vive el permiso y la complacencia o la prohibición y el castigo. También descubre la ambigüedad en las respuestas de los adultos, por ello, el niño tiende a confundirse. A medida que se confronte con el medio se dará cuenta de cómo es la respuesta de los adultos ante la expresión de sus necesidades, y por otro lado, la adaptación a las demandas de estos mismos adultos para poder encontrar satisfacción a algunas de estas necesidades, en especial la necesidad básica de seguridad.

En esta época empieza a introyectar las normas familiares, desarrolla su conciencia moral, lo que puede y no puede hacer, hacer suyas las normas de convivencia que observa y comprende, así como las que le son impuestas.

El control voluntario sobre sus esfínteres le otorga el poder de dar o no dar algo de sí mismo. Va conociendo cuales son las consecuencias de dar o no dar, y descubre que tiene cierto poder sobre sí y sobre los que le rodean. Significa que comienza a influir voluntariamente sobre el medio, y desarrolla una intuición que cristaliza en consciencia de sí y de sus actos. Pero también percibe las manipulaciones de que es objeto por parte del medio que le infunden confusión en esta consciencia de sí y en su autonomía.

En este momento es capaz de compartir sus experiencias y confrontarlas, e igualmente de oscurecerlas, transformarlas o silenciarlas. Va aprendiendo que sus necesidades y deseos no siempre coinciden con lo que se le pide o se le impone. Comienza a comprender el significado de la palabra NO, y la llena de significado propio, sirviéndole para iniciar su proceso de individualización del otro, pues le otorga la capacidad de oponerse a las acciones que ejercen sobre él y que no desea. Si esta situación de la expresión de la necesidad básica que el niño tiene de diferenciarse de los otros (madre incluida) se atiende y se respeta, se sentarán las bases adecuadas para que el niño adquiera seguridad en su autonomía e individualización.

Hacia el final de la fase anal, aparece su necesidad de exhibirse como individuo y de mostrar su cuerpo y lo que puede hacer con él, es decir, exhibir lo que es y lo que sabe de sí. Manipularlo, ignorarlo, descalificarlo o humillarlo supone un serio inconveniente para la idea que se va forjando de su estar autónomo en el mundo.

Cuando el niño no se siente apoyado, al igual que ocurre en las etapas anteriores, asocia que la satisfacción de la necesidad no conduce a la relajación, sino que se mantiene la tensión o aparecen nuevas tensiones. Para evitar la tensión y el displacer, se puede llegar a evitar el contacto con la necesidad, y que su defensa se disponga en el sentido de interrumpir la satisfacción antes de evocar el estado displacentero. Cuando esta disfunción se mantiene de forma persistente en el tiempo, se produce una distorsión en la asociación de los procesos sensoriales, emocionales y cognitivos que acompañan a la percepción de las necesidades, así como a su manifestación y satisfacción. Esto dificulta la capacidad del niño para tomar conciencia de los estados que  percibe sobre sí mismo.

Paralelamente, sucede que no son respetadas las necesidades genuinas del niño y se le imponen satisfacciones para necesidades que no siente y no demanda, o que son inadecuadas y contradictorias con las que siente como propias, con lo que queda dificultada también su capacidad para evitar tensiones y displacer. Se bloquea entonces su mecanismo de diferenciación cuando dice NO, a través del cual el niño intenta establecer límites a las experiencias displacenteras.

Con todo esto se dificulta su capacidad para estar en contacto íntimo con sus deseos, para sentirlos como propios y para, a través de ellos, ir reafirmando su individualidad como ser autónomo. Se produce por tanto un insuficiente arraigamiento del Sentimiento Básico en la individualización para la autonomía del ser y para procurarse activamente satisfacción a sus propias necesidades y a sus deseos. De forma defensiva sustituye sus propias percepciones por las demandas de la madre, pasando a ser más o menos confluyente con ella, pagando el precio de un estado de tensión interna permanente.

Resumiendo, las necesidades básicas del niño se ponen en función de las necesidades de la madre, de su necesidad de contener la angustia. Pondrá las necesidades básicas del hijo en función de la contención de su angustia. Por ejemplo, forzará a su hijo a comer para ella sentirse tranquila al tener un niño bien nutrido. Cuando el niño esté satisfecho dirá NO, pero esto la angustiará más y deberá comer más hasta que ella considere que es lo adecuado. Se unen en este caso dos circunstancias desagradables para el niño: ver como aumenta su tensión por tener que comer sin apetito, y sentir la impotencia de no poder poner sus límites.

Las necesidades básicas de un niño a esta edad son las de alejarse de la madre, correr, tocar, oponerse y diferenciarse, mostrarse y exhibirse, saber lo que siente y lo que le satisface… En definitiva, necesita ser aceptado tal y como es, ser protegido y respetado.

Algunos rasgos masoquistas están, en mayor o menor medida, presentes en todas las estructuras caracteriales como pautas de conducta estructuradas y repetitivas que nos dificultan la obtención de satisfacción y placer. Suponen una desconexión del contacto con la necesidad y el deseo como estrategia de evitación de la angustia.

La herida nuclear de este eneatipo es la experiencia de no haber sido tenidos en cuenta, haber sido humillados y haber sido frustrada su necesidad de autonomía. La falta de soporte de no haber sido reconocidos en su valía, en sus límites, en su independencia y su pertenencia al grupo. El recurso ante esta pérdida para no experimentar este estado deficiente, es disociarse de su propia experiencia vital y olvidarse de sí mismos. Este mecanismo queda racionalizado mediante el pensamiento de que no merece la pena ocuparse de ellos porque no hay nada en ellos que merezca la pena. El interior es abandonado y olvidado y sólo les merece la pena ocuparse de lo exterior, quedando absortos en una necesidad de armonía externa, ocupándose de que no pase nada ni en su mundo interno o externo que altere esta armonía. La imagen se mantiene por medio de servir y responder a los demás más que a ellos mismos para de esta manera no conectar con la experiencia de no ser tenidos en cuenta y humillados.

El cuerpo se defiende de esta experiencia dolorosa con una estructura de contención que necesita de una cantidad de energía extraordinaria. Es el carácter más contenido y energetizado. La misión es bloquear y contener energéticamente la expresión y satisfacción de los impulsos (el darse cuenta de su necesidad y especialmente el entrar en acción para satisfacerla). La musculatura estriada en vez de estar en función de la expresión está en función de la contención.

En general presentan cuerpos corpulentos y una musculatura tensa y voluminosa debido a ese estado de tensión constante que  provoca la contención. Hay  anillos de bloqueos muy fuertes en el cuello, así desconecta la cabeza de las emociones. Es uno de los bloqueos más importantes que presenta este carácter. También hay una fuerte tensión en el diafragma que distorsiona el flujo entre los afectos y las necesidades.

Fuertes bloqueos en las 4 articulaciones de los miembros: así la energía está contenida en circuito cerrado en el tronco. La válvula de escape es el pensamiento obsesivo.

La expresión de la cara es de niño bueno y un poco triste (bondadosa y apaciguadora). Ojos abiertos que inspiran confianza, sosiego y tranquilidad. Difícilmente te quedas con su expresión y así cumple a la perfección la función de que pasen desapercibidos (recordar su experiencia de relación: humillación – exhibicionismo).

Mandíbula patente y músculos maseteros desarrollados y dolorosos a la presión o planos y blandos en función de cómo haya sido el contacto con las emociones de rabia y pena. Son frecuentes los casos de bruxismo.

Cintura escapular muy desarrollada que da continuidad al anillo cervical de tensión. Zona interescapular muy hinchada (zona conexión con la rabia), acorchada, insensible. Es común un acúmulo de grasa.

Tórax en tonel (redondo) por el desarrollo de los músculos pectorales. Parecería que tienen una gran capacidad pulmonar, pero esto está lejos de la realidad, ya que los pulmones están forzadamente expandidos por lo que guardan una gran cantidad de aire residual. El diafragma está bloqueado en inspiración profunda. Es bajo y tienen tendencia a tener barriguita.

La posición de la pelvis en descarga (muy adelantada) es muy característica y así es como se evita en mayor medida el contacto con las excitaciones vegetativas (que nada se mueva para que no se movilice la angustia). Poco desarrollo de los músculos de las nalgas, parece que no tuvieran culo.

En un proceso de psicoterapia corporal integrativa bioenergética con personas que “funcionan” de esta manera hay que tener muy en cuenta que son muy sensibles a cualquier descalificación, humillación o/y desatendimiento. Se bloquean y la terapia es un infierno para los dos.  Ojo con sus agresiones veladas: “Yo no soy capaz de curarme ni con un terapeuta como tú”.

A las personas masoquistas no hay que pedirles que saquen la rabia (con mucha furia les vendrán vómitos, dolor de cabeza y con poca furia no van a sentir nada), hay que conectarles con la fuerza. Cuando aparezca la frustración no van a tener problema en sacar la rabia (porque ahí ya lo está sintiendo). Cuando sienten ya no hay problema en expresar. La FUERZA es su desconexión nuclear. La expresión de la rabia será una consecuencia de la apertura de su conciencia sobre sí mismo y de su contacto con las necesidades frustradas. Así pues, la búsqueda de la expresión de la rabia nunca será un objetivo prioritario. Si la expresión de la rabia se toma como el objetivo prioritario de una psicoterapia no producirá ningún cambio saludable, más bien favorecerá el sentimiento masoquista de impotencia y autodescalificación, de no poder con la rabia ni física ni emocionalmente. Muy lejos del objetivo terapéutico, reforzará la situación pantanosa en que se encuentra. Y ésta situación de impotencia alcanzará también al terapeuta. A la persona masoquista le falta poner la atención en sí mismo, y tomar conciencia de su derecho a manifestarse como ser autónomo e individual. Poco a poco él irá conquistando su territorio, porque no suelen ser personas ni cobardes, ni tramposas, ni manipuladoras, y sí con un gran deseo de vivir una vida plena y agradable. El proceso no será ni rápido ni fácil porque la resistencia ante la expectativa de la vivencia de la angustia movilizada por la posibilidad, fantaseada o no, de ser descalificados y humillados en su más tierna consideración, es mucha.

Hay que valorarle cualquier movimiento intuitivo (aunque pueda parecer que en ese momento no es adecuado) y apoyarlo. Ojo con no pasar su límite para que no caiga en la frustración.

La confrontación desde la amabilidad y la ternura y cuidadosamente medida desde sus posibilidades y no desde la impaciencia del terapeuta por su sensación de impotencia. Colocar al terapeuta en la impotencia es un recurso del componente masoquista de cualquier carácter, tanto más del masoquista. Y entrar en este juego es entrar también en la situación de la “ciénaga masoquista”, para ambos. Ojo con ponerle en situaciones de autohumillación o descalificación.

Cuando comienzan a sanar ponen límites a las personas de su alrededor y estos les pueden decir algo del tipo “tú ya no eres igual, has cambiado, así te queremos menos o no te queremos”. Y es frecuente que abandonen la terapia. Hay que avisarles de esto y apoyarles, va a ser su momento de máxima angustia y su defensa es irse y abandonar el proceso.

En general los subtipos conservaciónsuelen tener defensas masoquistas. Siendo los rasgos masoquistas, junto con los orales, una de las defensas más constantes e importantes en otros tipos de carácter, suelen estar presentes como principal resistencia en muchos de ellos, y es necesario identificarlos y tenerlos en cuenta para que las psicoterapias progresen adecuadamente. Como ejemplos señalar que los Eneatipos II, IV, VI y VII, sobretodo los subtipos de conservación, tienen importantes componentes masoquistas como principales resistencias. Estas resistencias s las describimos como “ciénaga”, y son todas aquellas actitudes que tienden a mantener el “disfrute” infantil frente al bienestar adulto y sano.

Bioenergéticamente la movilización pélvica, junto con el desbloqueo del cuello y del diafragma, son las piedras angulares de la psicoterapia bioenergética en el carácter masoquista, porque es a través de ellos como el masoquista puede recuperar el contacto con su fuerza para la confrontación y los límites, para el encuentro consigo mismo, su diferenciación y autonomía.

(De notas de Juanjo Albert)

Bioenergética Integrativa ©

Deja un comentario

Abrir chat
Powered by