ENEATIPO 6 – CARÁCTER PSICOPÁTICO ¿CUÁL ES SU ORIGEN? ¿CUÁL ES SU HERIDA? ¿CÓMO ES SU CUERPO? EL PROCESO TERAPÉUTICO

Este escrito es el sexto de una serie que comenzó con “Eneagrama de la personalidad ¿Qué es y cuáles son los 9 eneatipos?”. En el vamos a profundizar en el eneatipo 6, que desde la caracterología bioenergética se corresponde con el carácter psicopático de estructura obsesiva (frente al psicopático histérico que se corresponde con el eneatipo 3): conocer acerca de su origen o etiología, saber de su herida original, cuáles son los rasgos corporales más comunes y, los puntos críticos a abordar en el proceso terapéutico desde una perspectiva  bioenergética  integrativa que nuestro equipo propone. Para el mes de Julio publicaremos acerca del eneatipo 2 sobre estas mismas cuestiones.

El carácter psicopático hace referencia a un carácter abocado a la acción compulsiva. Esta acción puede ser interna o externa. Se fija en la fase fálica del desarrollo (que abarca aproximadamente desde los dos años y medio hasta los tres y medio o cuatro) en la que se persigue la búsqueda de la independencia. Se inicia el movimiento edípico (el niño trata de encontrar su lugar en la familia, tanto entre ambos progenitores como entre sus hermanos),  un entrenamiento para que el niño pueda proyectarse en lo social, y por ende, entra en juego la función padre que facilita el comienzo de la separación de la función madre. Para que este movimiento se desarrolle con normalidad la madre tiene que retirarse e investir de autoridad al padre. Por parte de la madre se inicia un leve duelo (igual que tras el parto) como motivo de la pequeña separación que se inicia y que da lugar a que entre la función padre en la vida del niño.

Si uno de los padres tiene un déficit de insatisfacción narcisística colocará en el hijo la necesidad de sus deseos. El hijo será seducido e inhibirá o postergará indefinidamente sus deseos para satisfacer los del padre o madre seductor. Esta seducción se apoya en un si me haces caso te quiero, si no, no. Como figura complementaria a la seductora aparece la figura de identificación en la que establezco una alianza inconsciente de asemejarme a ella para evitar un riesgo de agresión (identificación con el agresor).

La introyección del niñ@ es: “por más que te esfuerces eres incapaz de hacerlo mejor”, “nunca lo haces suficientemente bien” o “siempre lo haces mal”. Desde la incorporación de estos mensajes al inconsciente del niñ@ su esfuerzo estará centrado en no ser descalificado. El mecanismo de defensa es la proyección, con la que pone en el otro cualidades, sentimientos, actitudes o/y deseos que no reconoce o que rechaza de sí mismo, tanto buenos como malos, y reacciona ante ellas. Se produce una proyección de la hostilidad (“tú no vales”) ya que las amenazas internas se interpretan como externas y nunca se está seguro de que las decisiones adoptadas sean las mejores para evitar la amenaza que suponen. El eneatipo 6 compite por el poder con el otro y no está seguro de tener el poder necesario. Hay una profunda insatisfacción pues nunca cumplen sus verdaderos deseos y están pendientes de las expectativas foráneas. Muy apegado a la imagen a través del temor que siente.

Hay una distorsión en la confusión de ternura con debilidad. Si soy débil vuelvo a ser manipulado, seducido y pierdo mi independencia. Por ello, necesita obtener un lugar de poder, mantener la exigencia en el logro y controlar tanto a sí mismo, como a las situaciones que se producen a su alrededor. Esto lo realizará ejerciendo la fuerza mediante  la manipulación del poder directo: asustar a los demás para mantenerlos alejados (aspecto físico o/y mirada retadora o/y tipo de discurso o/y voz bronca…) y si aún así pasan la barrera de seguridad, que lo hagan sobrecogidos, en inferioridad, asustados. Pero además del tipo “ogro” que amedrenta con un aspecto amenazador, también lo puede hacer con una belleza y sexualidad exuberante y potente, o con una eficiencia y calidez excesiva difícil de igualar por otro competidor. Por otro lado, hay un miedo a hacerse independientes y libres. Miedo a quedar en el vacío: “no hay personas que me amenacen”.

La herida nuclear de este eneatipo proviene de haberse desarrollado en un ambiente vivido como amenazante o imprevisible, en el que no puede confiar, de modo que construye su realidad alrededor de la alarma reactiva y de la ansiedad por la supervivencia. En esta situación cualquier contenido interior es sometido a sospecha, desechado por la mente y privado de vida. Es una forma de autocastración, de autoinhibición ante el miedo inconsciente al daño físico o emocional, o la pérdida de poder en manos de una figura autoritaria.

El cuerpo se defiende de esta experiencia dolorosa con una estructura en la que hay un  desplazamiento energético hacia la cabeza desde el diafragma. El tórax, la cabeza y los brazos están más energetizados que el resto del cuerpo.

Llama la atención la mirada: es una mirada inquietante, escrutadora y controladora. Pone límite, marca distancia (mantenerte por debajo) hasta que sienten que tienen la situación controlada, entonces puede cambiar la expresión hacia una mirada seductora o hacia el amedrentamiento en caso contrario. Es una mirada enfriada que pretende controlar la propia emocionalidad. La consecuencia de la actitud de vigilancia (detectar competidores o los que se fijan en mí) con la mirada, hace que haya grandes tensiones en los músculos de la nuca (dificultades en relajar el cuello).

La cara, con frecuencia suele tener los rasgos más bien duros y fríos, aunque sean bellos, salvo en el subtipo de conservación que tienen una expresión más blanda, redonda y tierna. En general tiene un aire de “firme decisión parada” bien sea hacía la hostilidad o hacía la seducción, que nos predispone a estar a la expectativa ante ellos. Músculos maseteros duros (contención emocional).

La mayor diferencia con otras estructuras es que la energía está del diafragma hacia arriba y poco hacia abajo. La cintura escapular, brazos, hombros más desarrollados que las piernas.

Se da la respiración paradójica: inspira hinchando el pecho y elevando los hombros  a la vez que elevan el diafragma y contraen el abdomen. Queda un hueco y el tórax hinchado.

Pelvis más estrecha que los hombros, pero eso no quiere decir que la pelvis sea estrecha. Tórax duro, acostumbrado a mantener las emociones (casi tanto como el masoquista). Brazos suficientemente musculados en comparación con las piernas (capacitadas para carrera, salto).

Gran déficit de arraigamiento. La energía está arriba. También porque hay una zona de mayor tensión en las corvas y parte posterior de la pierna. Tendencia a levantar las piernas al golpear (pierde fuerza). Tensiones en la parte posterior de la espalda (posición rígida para poder observar). Nalgas apretadas. Tendencia a contenerse, apretarse.

Diafragma elevado y tenso con dificultad para inspiraciones profundas. Las necesidades están desafectivizadas.

Se da la frigidez y eyaculación precoz con más frecuencia que en otros caracteres.

En un proceso de psicoterapia corporal integrativa bioenergética con personas que “funcionan” de esta manera nunca hay que atacar las defensas de frente. Esto es una regla general, pero en el caso del paciente psicopático es para casi tener un poster en el despacho para recordarlo en todo momento. Al abordar directamente las resistencias se moviliza angustia paralizante, cobardía. Hay que tratar de ponerle en contacto en todo momento con el sentimiento y con la emoción para que vaya tomando contacto con la ternura hacia sí mismo. El otro punto nuclear es que vaya tomando conciencia de sus proyecciones y referencias que hace sobre los demás. La duda sanadora, la duda de la duda compulsiva sobre la certeza proyectiva. Pero sobre todas las cosas conseguir que discrimine entre ternura y debilidad, eso es lo más esencial.  Tener en cuenta que son personas que se colocarán muy a la defensiva desde la racionalización, planteando la duda constantemente.

Trabajar piernas y arraigamiento junto con el contacto emocional. Si se da la respiración paradójica típica de este carácter, debemos centrarnos en la relajación del diafragma hasta recuperar el movimiento respiratorio natural.

Otro punto nuclear es el miedo al vacío, con sus derivados de pérdida de control, debilidades, límites, rendición. Tarde o temprano se enfrentarán a esta sensación de que detrás de la imagen no hay nada (por eso prefieren que antes que no haya nada que haya angustia). Ahí es cuando empiezan a aparecer contenidos fantaseados de angustia con síntomas fóbicos. Es el miedo a caerse, miedo a marearse, miedo a perder el control en definitiva. Ese es uno de los momentos críticos de la terapia, con posibilidad de descalificación y abandono. En éste momento es necesario el apoyo explícito del terapeuta, y evitar que a la angustia ante el vacío se le pongan contenidos fantaseados: miedo a la muerte, a la locura, a la desgracia, etc. Todos esos contenidos fantaseados vienen a desviar de su objetivo y de su sentido a la angustia ante el vacío de ser que hay detrás de la imagen. Detrás de la imagen de auténticos está su ser autentico, a ese ser es al que le tienen miedo, no al vacío.

La rebeldía hacia fuera es minúscula si lo comparamos con la interna. Lo que frena el proceso y el crecimiento es la rebeldía contra uno mismo. El calvario del psicopático es estar en contacto consigo mismo. Al desapegarse del carácter en el proceso llega la sensación de vacío. Disolver la rebeldía para el psicopático es alcanzar un aceptable estado de salud emocional, al comprender que es una forma contrafóbica de la dependencia, pero dependencia al fin y al cabo: depender de algo o alguien a quien satisfacer, o a quien rebelarse o estar en competición.

Es necesario tener en cuenta que en los subtipos obsesivos es más aparente que en los histéricos el juego de doble cara. Tienen una cara social y una cara familiar. Personas que familiarmente son retraídas, autoritarias, despóticas, etc. y socialmente todo lo contrario. Son personas que parecen estar abiertas y que suelen ser complacientes hacía fuera, pero tiranos hacía dentro, lo mismo que hacen consigo. Suelen ser excelentes amantes, pero no tan buenos como pareja estable. Ese juego de doble cara es nuclear por su situación traumática original. Sin embargo, en general hay lealtad hacía la pareja en el hombre y fidelidad en la mujer, expresión del conflicto edípico y del machismo y feminismo cultural.

La actitud de duda compulsiva les coloca generalmente en la situación del cazador cazado. Primeramente con su radar controlador detectan a las personas que sienten que pueden estar interesadas en ellos, según la circunstancia del momento; seguidamente intuyen que puede esperar esa persona de ellos, y se lo ofrecen desde una actitud seductora: se dejan seducir mientras creen que seducen. De este modo, mantiene la fantasía de haber sido ellos los que han seducido cuando en realidad se han puesto a disposición de su presunta víctima. Tomar consciencia de la trampa de este mecanismo, lo que resulta relativamente fácil en terapia, supone para ellos, además de una sorpresa, un cambio en su actitud y en la consideración de sí que contrarresta su tendencia a la racionalización constante de sus emociones. Es una de las defensas que viene bien desmontar cuanto antes porque facilita considerablemente el proceso.

A tener en cuenta en el trayecto terapéutico las siguientes dificultades:

  • Desconfianza hacia el terapeuta  y altas expectativas en el proceso terapéutico. Esto no lo expresa para mantener el control de la relación, así como de evitar la dependencia emocional; siendo un límite en el avance.
  • Desconfianza en sí mismo y por tanto en el éxito del proceso. Siempre hay alguna razón que lo justifique.
  • Falta de honestidad: miedo a decir lo que quiere y lo que no en la relación terapéutica.
  • Dificultad en mostrar las emociones y el miedo. Puede ser utilizado en mi contra.
  • Controlarse a sí mismo y a los demás a través de la racionalización: sirve para explicar lo sucedido. Entender es lo que calma su ansiedad y lo que soluciona el problema.
  • Desmontar la proyección para que el culpable sea el otro y él el inocente.

(De notas de Juanjo Albert)

Bioenergética Integrativa ©

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