ENEATIPO 5 – CARÁCTER ESQUIZOIDE ¿Cuál es su origen? ¿Cuál es su herida? ¿Cómo es su cuerpo? EL PROCESO TERAPÉUTICO

Este escrito es el segundo de una serie que comenzó con “Eneagrama de la personalidad ¿Qué es y cuáles son los 9 eneatipos?”. En el vamos a profundizar en el eneatipo 5 (que desde la bioenergética se corresponde con el carácter esquizoide): conocer acerca de su origen o etiología, saber de su herida original, cuáles son los rasgos corporales más comunes, y los puntos críticos a abordar en el proceso terapéutico desde el abordaje bioenergético  integrativo que nuestro equipo propone. Semanalmente iremos publicando sobre estos mismos puntos para cada uno de los eneatipos.

El carácter esquizoide se fija en la fase preoral del desarrollo que se corresponde con los tres primeros meses de vida del bebé. Para un desarrollo satisfactorio debe de arraigarse el sentimiento básico de confianza en la existencia (SBCE).

En esta fase sólo disponemos del reflejo de succión para alimentarnos y las únicas percepciones son las de nuestro sistema sensitivo, ya que no hay madurez de la corteza cerebral y por tanto no hay proceso cognitivo. El mundo exterior no existe y somos uno en un universo ilimitado, por lo que no hay conciencia del “aquí”. Este sistema sensitivo nos informa de estados displacenteros (hambre, frío, dolor, sed…) y por tanto de cuando nos separamos de un contacto plácido con nosotros mismos. Si estas interrupciones son intensas y continuadas habrá una distorsión y un déficit en el SBCE.

El niño viene al mundo en un momento en el que la madre no es capaz de ofrecerle un contacto tierno ya que en ese momento tiene congelada su capacidad amorosa. La hostilidad no tiene por qué estar dirigida al bebé, pero está presente en la vida de la madre puede que incluso durante el embarazo. Puede presentarse de diversas maneras: hostilidad en forma de odio (los componentes tiernos están congelados y hay un deseo de destrucción del objeto de deseo),  estados depresivos de moderada intensidad con pensamientos y sentimientos de muerte (sin autolisis), situaciones momentáneas conflictivas que den lugar a estados de irritabilidad… La madre no atenderá satisfactoriamente a su hijo e incluso lo vivirá como un estorbo. Si la congelación del sentimiento amoroso de la madre deriva de su estructura caracterial el conflicto será mayor pues no habrá conciencia por parte de la madre de que el sentimiento proviene de ella.

Por tanto, en el momento en que el bebé manifiesta su necesidad, a fin de que ésta sea satisfecha, sentirá un intenso displacer producido por el estado emocional de la madre. Dicho de otro modo, al tiempo que satisface una necesidad básica, percibe como su vivencia de existir se ve interrumpida, quedando fijada una experiencia de displacer en vez de satisfacción, al ser ésta sensorialmente mucho más intensa.

Por eso en el carácter esquizoide la satisfacción de las necesidades va ligada a una intuición sensitiva de amenaza a la existencia. A esta edad, este peligro no lo puede todavía ubicar en el mundo exterior, y por tanto, procederá de él mismo. Por eso la defensa se organizará de la siguiente manera: si cuando siente la necesidad y pide se siente profundamente alterado, su energía se dispone para disminuir la sensación de necesidad y para disminuir la intensidad de la demanda, quedando la energía disponible pulsando como sensación de angustia.

La herida original de este eneatipo es haberse sentido invadido por los sentimientos hostiles del mundo externo/madre al mismo tiempo que eran satisfechas sus necesidades básicas elementales. Ante esta amenaza el recurso es volverse emocionalmente invisible para la madre. El problema es que en esa etapa del desarrollo no hay una diferenciación entre la madre y él mismo, y por ello pierde el contacto y la sensación de su propia realidad. Se aísla para sobrevivir, pero se aísla incluso de sí mismo.

La experiencia del eneatipo 5 sería: Sé que soy porque me pienso en la experiencia de lo que ocurre a mi alrededor, pero el mundo exterior no es ni interesante ni acogedor; por tanto sólo me dejaré sentir las experiencias internas que yo controle y comprenda intelectualmente de forma suficiente. Buscaré experiencias intelectuales por mí mismo y las controlaré.

El cuerpo también se prepara para defenderse de esta experiencia dolorosa. En general todo el cuerpo del esquizoide está sometido a un estado de tensión importante, de tal manera que su musculatura está contraída y su relieve resulta fácilmente perceptible a la piel, siendo su tacto fibroso.

Se establecen bloqueos fuertes en el cuello (no procesa lo que necesita), en el fondo de la nuca. Bloqueo en  la mirada (cuando menos hay temor). Ojos abiertos, diafragma elevado (bloqueado en un movimiento de espiración forzada) con un corte importante (para no sentir), cabeza hacia atrás (cuanta más patología más evidente) como cuando recibes un susto.

El bloqueo en las articulaciones dificulta que la energía fluya hacia los extremos del cuerpo, así se limita el riesgo que implica la posibilidad de entrar en contacto y de percibirlo, y se puede controlar mejor. Procuran no entrar en contacto físico, pero aunque entren tienen dificultad para percibirlo sensitiva y emocionalmente.

En un proceso de psicoterapia corporal integrativa bioenergética con personas que “funcionan” de esta manera es importante que aquello que expresan o manifiestan se transforme en emociones o sensaciones. Incluso desde lo obvio: ¿Cómo vienes en manga corta con el frío que hace? Hay que llevarle a la experiencia porque eso es lo que evita. Que se comparta con el terapeuta y para ello es muy importante que el terapeuta esté. Si no, hará una terapia de “como si”.

Tienen que entender que la confianza incondicional no existe. La manera más común de establecer una relación afectiva, pero racionalizada, es mantener a la otra persona en una posición idealizada de poder intelectual, pero a medida que empiezan a desidealizar la situación y la relación empieza a ser real, se retiran, al menos emocionalmente. A medida que van tomando consciencia de que no se da la incondicionalidad cómo ellos la necesitan, contactan con el miedo al riesgo de ser invadidos. Este miedo, a su vez, pone en peligro el precario contacto que mantienen consigo mismos, porque evoca la situación original de interrupción de su sensación de intimidad. Ante la frustración de su anhelo de confianza, no reaccionan con una expresión agresiva, sino con una inhibición de la agresión y retirada de los afectos hacia una posición de frialdad emocional: se desconectan emocionalmente. Este movimiento es muy importante en psicoterapia, puesto que de él depende que se establezca y mantenga el vínculo con el terapeuta.

Un mal trabajo terapéutico con un esquizoide es transformar su dificultad para el movimiento agresivo (ir hacia) en sacar la agresividad desde el componente hostil del odio. Esto es un riesgo, ya que por un lado habrá que acompañarlo hacia la no retirada contactando con lo “agresivo” pero con cuidado de no dejarlo en un odio permanente.

A los anillos de tensión alrededor del tobillo y la muñeca, hay que prestarles especial atención durante la psicoterapia corporal. De la disolución de este bloqueo van a depender las posibilidades de arraigamiento en el tipo esquizoide, y por tanto de su capacidad para contactar con la realidad e intervenir en ella. A medida que vamos resolviendo este bloqueo, la energía del subimpulso agresivo (satisfacer la necesidad) fluye hacia los pies, aumentando su temperatura y adquiriendo mejor coloración: es un cambio tan notable, que tiene inmediatas consecuencias en la vida de relación de estas personas.

¿Cómo procesa el eneatipo 5 la reacción de su auditorio, en el que él realmente está poco interesado?: “Evidentemente no merece la pena el esfuerzo que hago para comunicar mis ideas; ellos no están a la altura, no merecen la pena. Lo que yo les tengo que contar no les interesa porque no están a la suficiente altura intelectual”. Posteriormente, con el devenir de la psicoterapia, serán ellos los que comprendan que no se bajan al nivel necesario para que su auditorio se pueda interesar. Este proceso implica un pasaje de autodescalificación que hay que cuidar delicadamente.

El padre es una figura que durante el proceso de psicoterapia hay que reconstruir. No se trata de que haya desaparecido, o que haya sido negado, pero sí que hay una carencia de presencia emocional tan importante que hace necesaria su reconstrucción, no sólo su reelaboración. En el adulto, esta falta en la función padre se manifiesta por la desconfianza que los esquizoides (eneatipo 5) tienen en su capacidad para poner límites. Por ello “optan” por ponerlos amplia, indiscriminada e innecesariamente: no teniendo clara percepción de “hasta donde sí y hasta donde no” es bueno para ellos.

Al ser la función padre la que canaliza y limita la función del subimpulso agresivo (satisfacción de su necesidad), y resultar operativamente tan deficiente, el esquizoide será una persona que teniendo tantas limitaciones en la vida relacional, racionaliza su infantil sentimiento íntimo de omnipotencia. Una omnipotencia intelectual como defensa para contener la angustia, derivada del casi total fracaso del subimpulso tierno (darme cuenta de mi necesidad) para arraigar el sentimiento de confianza básico en su existencia, y del agresivo para buscar contención, apoyos y satisfacciones fuera.

Bioenergética Integrativa ©

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